Vacilando… entre miedos colectivos

Nota enviada a Canal 11 por el periodista Néstor Pérez

“El hombre prefiere una mentira que consuele, a una verdad esclarecedora” Santo Tomás de Aquino “Es un barrio muy peligroso, oscuro, se siente olor a raro todo el tiempo, hay mucho disparo…algunos de mis amigos se drogan, otros roban, otros son buenos, no hacen nada” dice María; “ustedes son del asfalto, nosotros de la tierra.

No sabemos en que esquina te espera alguien para volarte la cabeza de un tiro”  El encuentro de miradas entre el muchacho y la estremecida docente, fue suficiente. Supieron ambos. El dolor de no poder, les cae sobre los hombros, como quien soporta exilios eternos. Es el dolor de la exclusión. Erik y María, tienen apenas los años trémulos de los amores arrebatados; de las noches compañeras; de la risa como destino… pero han vivido demasiado tiempo en esas calles espectrales. Es el territorio del paco, la marihuana, el fierro que dirime y  la ausencia oficial. En esas calles, al sureste de la Córdoba que mira sin ver, la vida se arropa en su propia desventura. Los jóvenes  saben que sobreviven. Por azar, como en la guerra, dirá algún verso de Fandermole. Según informaba Sedronar, a fines del año pasado, el consumo de cocaína, psicofármacos y otras drogas, sin resguardo de la receta médica, se incrementa conforme avance la edad del adolescente. En sentido contrario, a menor edad, mayor consumo de pasta base: paco. La edad de iniciación en el consumo de cocaína y marihuana, para chicos escolarizados –como los chicos del relato-  es de 14 años para ambos sexos. Para el paco, 12 años es la edad inaugural de los varones; 13, la de mujeres. Niños gastados. Inertes ante el espanto. Su incapacidad de imaginar una vida proyectada; la falta de un sentido comunitario en sus círculos de referencia; y la escalada de frustraciones que parió una dirigencia turbia, arrítmica e hipócrita, somete a estos chicos escondidos. Los vacía de voluntad para conformar espacios de resistencia a esa droga que los rompe en pedazos. El horizonte es, apenas, la línea que siempre corre delante de ellos, como la utopía…Son hijos de la pobreza estructural.Hoy la pobreza tiene interpretaciones estadísticas que elogian o imputan a los actores del espacio público. Pero el dato ascéptico no despeja la urgencia. En este punto, desde su Estudios sobre Pobreza en Argentina, Eduardo Bustelo nos lleva de la mano, “pobres no son solo aquellos víctimas de una mala distribución del ingreso, sino también aquellos cuyos recursos no les permiten cumplir con las demandas y hábitos sociales que, como ciudadanos se les exige. Por eso, sobre todo, pobreza, es pobreza de ciudadanía” El rol social, aunque larvado y expectante, queda desbaratado por esa pobreza integral que devora al ciudadano desde el riñon…Los pobres no llevan el plato a la mesa, pero tampoco son electos para cargo alguno, solo eligen lo que otros eligieron antes. La igualdad de oportunidades en términos electorales que consagra la constitución, es parte de la simulación del contrato. Volvamos. Esos niños, perdón, ¿hará falta recordar que la Convención de los derechos del Niño, de rango constitucional, reconoce como niños a los menores de 18 años? Esos niños, entonces, son ciudadanos heridos en sus potencialidades políticas. Un despropósito de cualquier democracia que se precie de amparar derechos civiles. Tal vez haya llegado el momento de cancelar nuestros propios miedos y mirar de frente. Asirnos al compromiso de reinstalar a la república en los escenarios donde se disputa la tenencia del futuro. Ahí debería acometer el Hombre Político. Aquel del que Max Weber decía, “su palabra no es la reja del arado para ablandar el terreno del pensamiento contemplativo, sino espadas contra el adversario, instrumentos de lucha”…Tanta policía ya desdibuja los contornos; vuelca su fracaso en el molde de la lectura equivocada. Ese fracaso nos devuelve un problema más, no una solución.“La única forma de reunión posible en circunstancias angustiantes, es la formación de lo que podríamos llamar, una comunidad tipo perchero”, dice el sociólogo Zygmunt Bauman, “un grupo que se asocie al encontrar un perchero donde colgar, simultáneamente, los miedos de muchos individuos” El pibe que se droga y delinque es esa percha. Colgamos el miedo ahí; y nos abrigamos ante cada nuevo invierno.

Los que han leído mucho, dicen que Marx dijo: “solo las polillas nocturnas consideran que la lamparita es un buen sustituto del sol universal” Mientras más hermética sea nuestra cerradura, menos cuenta nos daremos de cuánto arde, sin preguntar. Porque aún en medio de  tantas acechanzas, el Sol sigue estando afuera, solo se trata de lanzarse a su encuentro.

                                                                      Néstor Pérez / Periodista  

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